Devaluación mediante, y pasada ya la primera semana de marzo, las obras que debían comenzar en febrero no se han iniciado: la sala Orestes Caviglia luce con sus butacas sacadas ubicadas en la platea. Se puede ver la misma fotografía que se publicó en diciembre. Ni siquiera fueron retiradas. Esto, a pesar de los reclamos de un sector de la comunidad artística de no transformar ese espacio.
Sobre el escenario, un grupo de actores del Teatro Estable lee “El perro del hortelano”, la obra con la que se abrirá la temporada el 24 de mayo. El texto de Lope de Vega es una clásica comedia de enredos y alude con su título al refrán castellano del “perro de hortelano” que “ni come ni deja comer”. ¿Una metáfora?
El 18 de diciembre pasado, el Tribunal de Cuentas autorizó al presidente del Ente Cultural, Mauricio Guzman, la compra de 170 butacas para la sala, con la imputación presupuestaria de $395.590. En el artículo 2, del Acuerdo N° 3399, se le permite contratar en forma directa, previo cotejo de precios. Cada butaca costaba así, $2.327, en ese momento. Y si esa cifra ya parecía cara, es previsible que luego del aumento de precios el presupuesto se haya quedado corto. En la primera semana de febrero, el vicepresidente del Ente, Salvador Díaz, le confiaba a este columnista que las butacas se adquirirían en Buenos Aires, porque en la provincia no se producían, al igual que los telones. “Pero todo se está renegociando, porque los costos se han incrementado”, advertía, preocupado.
“El perro del hortelano”, escrito en 1618, que dirigirá Mariano Moro (Buenos Aires), es una comedia clásica y por tanto, cumple el requisito impuesto (no escrito, claro está), de iniciar la temporada con una obra de estas características. En su trama, a los amores de la nobleza, se agregan los “líos” amorosos de los criados; son dos las historias que se cuentan.
En la obra, no sólo participarán miembros del Elenco Estable sino dos actores estudiantes, como pasantes, en virtud de un convenio con el Departamento de Teatro de la Facultad de Artes.
Entre los arreglos anunciados para la sala, sí parece que algunos serán postergados (no se sabe hasta cuándo): la pared acústica, por lo pronto. Las maderas se están lijando para lucir limpias y modernas, pero son las mismas. Tampoco se ha iniciado la prometida construcción de nuevos camarines.
En la fotografía actual se puede observar que ni el Ente Cultural puede avanzar con la transformación de la sala, ni los actores, ensayar con comodidad la pieza de Lope de Vega.